Lloraba. Tenía un ritual para hacerlo, se preparaba espcíficamente para llorar. Se servía un vaso de agua, se sentaba en su cama; y al ritmo de alguna balada aleatoria, sus lágrimas caían. No tenía un día destinado a eso, simplemente lo hacía. Trataba de que no fuese muy seguido; en caso de que la gente se enterara, dañaría su reputación. Para el mundo, actuaba con naturalidad. No tenía una máscara, ella era su propia máscara. Pocas eran las ocasiones en las que la vida le permitía bajar un cambio. Pocas eran las veces en las que se permitía a sí misma bajar ese cambio. Hasta que, sin saber por qué, dejó de hacerlo. Dejó de mirar hacia abajo para llorar, dejó de mirar hacia arriba para fingir perfección. Simplemente miró hacia adelante, para encontrar un par de ojos verdes que la miraban. Decidió que no quería dejar de mirarlos, nunca.
Me admiro de la forma en la cual me expreso en este Blog, nunca creí encontrar las palabras JUSTAS - EXACTAS- BUENAS para definir lo que verdaderamente siento.
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